martes, 23 de febrero de 2016

Miguel ama a las aves. Todos los días del año se levanta y va a su patio a saludar a su amigo Pepe. Le carga agua, lo alimenta, le limpia la jaula, le habla, lo mima y hasta se queda con el por un largo rato. En la vereda de enfrente vive Darío, otro amante de los pájaros. Todas las mañanas se levanta, va a su parque, tira migas de pan, y se sienta a ver como varias aves se acercan a comer. También les habla, las mira, las mima a su manera y se queda con ellas un largo rato. Este hombre ama a las aves y su amor es tan puro como el de Miguel. La diferencia se hizo notar un día, cuando Pepe se escapó de la jaula mal cerrada y jamás regresó...
En frente todo siguió igual. La diferencia no estaba en el amor, obvio, sino en cómo se manifestaba.
Aplíquese en todos los ámbitos de la vida.

miércoles, 17 de febrero de 2016

La lluvia es magia cayendo en pequeñas gotas. Magia necesaria, que equilibra, que cambia, que a veces advierte, que a veces nos habla y que a veces también duele. Y como todo suceso glorioso, no pasa todos los días. Viene, nos revela algo, y se va hasta que la necesitemos nuevamente. A todos nos afecta de manera distinta. Ayer, por ejemplo, me hizo recordar momentos de gloria. ¿Les pasa que la gran mayoría de los sucesos inolvidables fueron con lluvia de fondo? Hoy, en cambio, el viento de la tormenta me susurró un nombre. Después, salió el sol y se dejó ver el arcoíris. La lluvia se fue cumpliendo su misión: entendí que le pertenecemos a quien queremos tener al lado cuando la tormenta nos sacude. 

martes, 16 de febrero de 2016

El primer paso hacia el viaje

Acabo de llegar de lo del Pollo, son las 2 am y estoy escribiendo esto para recordarme, dentro de ocho meses, como nació todo. Estuvimos viendo videos de viajeros por Bolivia y Perú, y terminamos de decidirnos en que vamos a ahorrar y nos iremos a recorrer. Que no nos importa nada más, porque el viaje lo va a valer. Porque somos jóvenes, porque nada nos ata, porque podemos, y porque queremos crecer.
Tan solo un paso en la dirección correcta vale más que diez años de pensar en ellos, asique arrancamos!

lunes, 15 de febrero de 2016

Fue una noche inolvidable. Inolvidable porque fui libre. Y es que vivimos presos en un sistema que pocas veces logramos sortear. Y anoche me escapé de él, y me escapé con vos. Estábamos de la mano pero sin estar agarrados. Los dos libres. ¿Me sentía tan bien, sabés? y miraba al costado y te veía a vos, sonriendo, sin ataduras, hermosa, radiante...Era verme reflejado. Y fue mágico sentir como yo estaba siendo yo mismo al 100% y sin condicionamientos. No siempre logramos ser nosotros en esencia, vivimos condicionados. Pero con vos lo logré. Y en ese instante mágico me liberé de todas las sogas que nos dicen cómo hay que comportarse y nos restringen cada movimiento, me escapé, nos escapamos. Fui feliz, porque fui yo mismo, y lo fui con vos de la mano. 

jueves, 11 de febrero de 2016

Soy partidario de que hay que sacar todo lo que tenemos dentro. Si no nos expresamos, ya sea a través de la música, de la poesía, de la pintura o cualquier arte, nos lastimamos. Tenemos que sacar lo que tenemos dentro, porque las palabras que se guardan comienzan a pudrirse tiempo después. Por eso hay que soltar lo que nos lastima, sacar de adentro nuestras penas, nuestras miserias y también, obviamente, nuestra alegría y felicidad.
Y es por eso que escribo estas líneas, necesito sacarme de adentro algo que me angustia hace casi dos años. Jamás te pude pedir perdón como quisiera. Me equivoqué. Te fallé como persona, porque te expuse y logré que te juzguen, lavándome las manos. Si no tuve los huevos para decir que yo me había equivocado también, por qué te expuse a vos? Y en esa acción, te alejaste de nuevo. Y no te juzgo, obviamente. Recuerdo cuando me dijiste, un poco enojada pero más que nada triste, que no esperabas algo así de mi. Y me pude haber equivocado en el pasado, pero esa vez te fallé. Y así como vos me fallaste y te equivocaste pero una noche entre lágrimas en una fiesta de disfraces me pediste un perdón sincero, yo no lo hice. Te disculpaste, te sacaste de adentro la angustia, soltaste y seguro que te aliviaste.
No te voy a buscar, porque eso lastimaría a otras personas, y guardándome esto solo me lastimo a mi. Quizás, algún día te muestre esto y, si decidís aceptar mis disculpas, yo pueda aliviarme.
Nosotros pasamos momentos difíciles, sobretodo vos. Cuando estábamos juntos vos pasaste por cosas que duelen, la separación de tus viejos, los dramas en la casa, las complicaciones en el colegio, con Bariloche, con todo. Te acordás? Y en ese torbellino te agarré de la mano, y espero haber sido de ayuda. Te guardo el mejor recuerdo y no tengo intenciones de nada, solo necesito decirte que lo lamento. Que no fui valiente para hacerme cargo de mis cosas, que te juzgué sin merecerlo, y que desde lo más profundo de mi alma, te deseo lo mejor!
Me enseñaste muchas cosas, con nuestros errores y aciertos. Nuestra historia es la de dos que quisieron pero no pudieron amarse. Personas correctas, momentos equivocados. Que seas muy feliz. Y hasta luego!

miércoles, 3 de febrero de 2016

Anoche antes de dormir pensaba en ella. Y me decía a mi mismo: qué lindo es tener un vínculo con una persona que va más allá. Lo que quiero decir, es que un vínculo puede existir por una cuestión de diversión, por una cuestión sexual, física, o quizás por algo más intelectual o mental. Ahora, existen esas relaciones en donde todo se mezcla, donde todo va más allá. Me refiero a cuando ese vínculo te hace bien, te hace pensar, te parece interesante, te hace reafirmar creencias, refutar otras, te hace reír(qué importante es reir!) y además te deja ser. Cuando llega a nosotros una persona que por cómo es no te condiciona, que te hace sentir que la mejor manera de comunicarte con ella(o él) es ser uno mismo, que no hay que fingir, que te deja ser vos al 100%, con lo bueno y lo malo, eso es especial. Esa persona que cuando estás solo, haciendo algo lindo, algo que te guste, la recordás, y en ese instante deseás que esté al lado tuyo para compartir ese momento. Creo que eso también es amor. Es querer compartir las cosas buenas, es querer acompañar a la otra persona, querer que te acompañe, reir juntos, caminar de la mano. No sé, pensar que gente que le pasa muy pocas veces en la vida y hasta existen quienes jamás tuvieron la posibilidad de que le pasen estas cosas.  Y uno reflexiona, porque quizás es un problema sentirlo muchas veces. ¿Estará mal poder sentir en tan poco tiempo algo tan lindo? La sociedad seguro lo critique, diga que está mal, que es algo pasajero, que estoy equivocado, pero la sociedad no sabe cómo estoy, no sabe lo que siento. Entonces, ¿el hecho de que te pase muchas veces hace menos valedero esos amores? Yo creo que no. Y entiendo, finalmente, que si a mi me pasa más seguido es una bendición. Conocer gente así es una bendición. Y no depende de si esto dura cinco días, dos semanas, meses o años, hoy soy feliz porque te quiero. Gracias.

martes, 26 de enero de 2016

Si para recobrar lo recobrado, 
fue necesario perder lo perdido. 
Si para conseguir lo conseguido, 
tuve que soportar lo soportado. 
Si para estar ahora enamorado, 
fue menester haber estado herido. 
Tengo por bien sufrido lo sufrido, 
tengo por bien llorado lo llorado 
Porque después de todo he comprobado, 
que no se goza bien de lo gozado, 
sino después de haberlo padecido. 
Porque después de todo he comprendido, 
que lo que el árbol tiene de florido, 
vive de lo que tiene sepultado. 

lunes, 24 de febrero de 2014

TRESCIENTOS SESENTA Y CINCO DÍAS DESPUÉS

Permanecía acostado cuando una sensación de nostalgia le invadió el cuerpo por completo. No entendía, se asustó. ¿Qué estaba pasando? Era como si el alma estuviera tratando de decirle algo. Primero sintió tristeza, nostalgia, una sensación extraña que le recorría el pecho. Algún recuerdo de un pasado mejor trataba de decirle algo...
La víspera de la tormenta lo ayudó a recordar. Resulta, que exactamente 365 días atrás el panorama era muy diferente al que acontecía en ese momento. Aquella noche el clima estaba un tanto caluroso, húmedo, muy pesado. Él se preparaba para pasar la noche en la casa de ella, una mujer que había conocido hace ya varios meses, que le había fascinado desde el primer momento pero nunca se habían dado una oportunidad. Esa era la noche. Eran las nueve y aún estaba en su casa. Ese día debería haber trabajado hasta las diez, pero pidió salir temprano para tener más tiempo, quería que todo estuviera perfecto, nada librado al azar, nada a las apuradas. Se había vestido con una bermuda oscura, chomba negra con rayas blancas horizontales, zapatillas blancas, mucho perfume y el rostro recién afeitado. En las afueras, el resto del barrio festejaba el carnaval que había organizado la municipalidad en las calles, todo estaba alborotado, y eso no hacía más que alimentar sus nervios. Pidió un remis, y con miedos y dudas, como toda primera cita(aunque en realidad no era la primera) se dirigió a la casa de ella.
Tocó timbre, las manos le sudaban, llevaba consigo la incertidumbre de no estar del todo seguro de qué  le depararía esa noche. La puerta se abrió y las dudas se despejaron. Una sonrisa, quizás la más bonita que haya visto jamás, y un simple "hola" que salió de su boca con ese tono tan dulce e infantil bastaron para transportarlo a otra dimensión, una dimensión donde todo deja de importar, donde no interesa el clima, el trabajo, la familia, el club, NADA. En ese instante mágico se dio cuenta de algo: a esa mujer no se la iba a olvidar nunca más en la vida...
La bienvenida fue como la de dos novios que se veían siempre. Más aún, fue la de dos personas que se conocían mucho, había una confianza inusual y el miedo había quedado fuera de la casa. Tan grande fue la sensación de familiaridad que hasta Kira, la perra de la casa, se le acercó alegre a darle la bienvenida, como si realmente él ya hubiera estado allí.
Después de saludarse fueron directamente a la habitación, se sentaron y comenzaron a charlar. En persona no lo habían hecho hace más de tres meses, pero siguiendo con esa línea de familiaridad hablaron por un largo rato, entre besos, sonrisas, caricias. Lo que siguió no se puede describir. El amor los encontró esa misma noche, adentrándolos en esa dimensión extraña, oscura, tranquila e inolvidable. En cada beso y cada abrazo cabía el universo.
Afuera, el cielo había terminado con las amenazas y los rayos y truenos comenzaron a iluminar la habitación a oscuras. Claro, ninguno de los dos estaba demasiado consciente de lo que ocurría afuera, no interesaba.
El amanecer los encontró abrazados. Aunque no haya sido la única vez que despertó abrazado a alguien, sabía que todo había sido muy diferente. Sabía, en el fondo de sí, que por el resto de sus días recordaría esa noche, esa tormenta, ese despertar, esa sonrisa, ese perfume, esa voz, ese amor...
Estaba convencido de que esa relación que comenzaba iba a ser única, y en el fondo de si, también sabía que no iba a ser eterna. Es ley, los amores eternos son los más breves.
Sabía que eso sería inolvidable, si, lo sabía, y se veía a él mismo, 365 días después, escribiendo esta historia en tercera persona, levantando una copa por ella y reconstruyendo con lujos de detalles esa noche en la que entendió que basta un día para enamorarse, pero que no alcanza la vida para olvidar una noche de amor así.

lunes, 3 de febrero de 2014

Toda su vida creyó en una frase que dice: "Siempre seremos para alguien la persona correcta que conocieron en el momento equivocado".
Quizá eso explique todo, pensaba. Cuando se conocieron, allá por el 2010, no era el momento, no era el lugar, no era la edad y no estaban en la misma sintonía. Y lo intentaron igual, pero el final no fue bueno. Aunque se puede hablar de final en el amor? O cuando es amor, las cosas jamás terminan? Al fin y al cabo se conocieron, y para él, eso era suficiente: eso mantendría viva la esperanza de volver.
Pasaron muchas cosas, mucho dolor, mucha tristeza, mucha alegría y mucho aprendizaje. Los caminos, que iban a otro ritmo y persiguiendo cosas diferentes, se separaron. Cada uno siguió con lo suyo hasta hoy.
Sus historias son son las de dos vidas que se separaron bajo la implícita condición de volver a cruzarse y, ojalá, para no separarse más. Hoy son dos personas que transitan lo mismo, con las mismas ambiciones, con las mismas ganas, con los mismos deseos y hasta con mismos gustos.
Habrá que ver qué pasa ahora que ambos están libres, sin ataduras, con ganas de crecer y ser felices.
Habrá que ver si este es el momento, si este es el lugar, si esta es la edad. De lo que no hay dudas, es lo que siempre supieron: están echos el uno para el otro.

miércoles, 9 de octubre de 2013

Si vos sos el arcoíris



Son las nueve de la mañana y es domingo. Estoy acostado en mi cama escuchando la lluvia que golpea la ventana sin parar. Y viajo en mi mente al pasado... Recuerdo aquél otro sábado de marzo donde también llovía torrencialmente. Aquella mañana donde el cielo se caía abajo y, casualmente, también estaba acostado. Pero esta vez me falta algo, me faltás vos al lado.
 Y te extraño. Y miro a mi costado y no te veo, pero si veo las hojas de colores que me regalaste para que te hiciera las grullas que tanto te gustaban. Y me vuelvo a acordar de vos. Y miro la hora, y mi mente, que no coopera en nada, asocia mi celular con las fotos que nos sacábamos recién despiertos. Y decido levantarme, pero me cuesta(como siempre). Y vuelvo a recordar cuando vos te levantabas primero y me decías que dejara de dormir, que me levante, que vayamos a comer. Y los ojos siguen cargándose de lágrimas. Y me levanto, porque tengo que trabajar. Me visto y veo ese pañuelo violeta que una noche, en una despedida apresurada olvidé devolverte. Y, si, te pienso otra vez.
Pasó media hora, todavía no dije ni una palabra y salgo de casa rumbo al trabajo. En la puerta no está el remis que me pedías para ir a trabajar cuando se me hacía tarde por quedarme en la cama con vos.  No está el auto, y no estás vos para despedirme con un beso.  Camino y te vuelvo a recordar. Cuento los días desde que te vi por última vez. Y te extraño de nuevo.
Los ojos ya no aguantan y una lágrima comienza a recorrer mi cara. Pero dejó de llover y salió el sol. Miro al cielo buscando el arcoíris y ahí está, hermoso y radiante...Y obviamente te vuelvo a recordar. Y empiezo a pensar...
La lluvia tiene muchas cosas malas, es cierto, pero sin ella no se podría ver el arcoíris, sin ella no podría estar contemplando esto tan hermoso, no podría estar disfrutando. Y algo semejante me pasa con vos. Y te vuelvo a pensar. Y lo hago todo el tiempo. Pero no me lamento. ¿Cómo me voy a lamentar de algo que me hizo sonreír?
Y sonrío de nuevo, por vos, por lo que pasó. Y entiendo que quizás nuestra historia sea para mi como la lluvia y el arcoíris. No se puede tener felicidad sin dolor, como tampoco se puede tener un arcoíris sin un poco de lluvia. Y todo, absolutamente todo, vale la pena si vos sos el arcoíris.