La lluvia es magia cayendo en pequeñas gotas. Magia necesaria,
que equilibra, que cambia, que a veces advierte, que a veces nos habla y que a
veces también duele. Y como todo suceso glorioso, no pasa todos los días. Viene,
nos revela algo, y se va hasta que la necesitemos nuevamente. A todos nos
afecta de manera distinta. Ayer, por ejemplo, me hizo recordar momentos de
gloria. ¿Les pasa que la gran mayoría de los sucesos inolvidables fueron con lluvia
de fondo? Hoy, en cambio, el viento de la tormenta me susurró un nombre. Después, salió el sol y se dejó ver el arcoíris. La lluvia se fue cumpliendo su misión: entendí que le pertenecemos a quien queremos tener al
lado cuando la tormenta nos sacude.
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