Miguel ama a las aves. Todos los días del año se levanta y va a su patio a saludar a su amigo Pepe. Le carga agua, lo alimenta, le limpia la jaula, le habla, lo mima y hasta se queda con el por un largo rato. En la vereda de enfrente vive Darío, otro amante de los pájaros. Todas las mañanas se levanta, va a su parque, tira migas de pan, y se sienta a ver como varias aves se acercan a comer. También les habla, las mira, las mima a su manera y se queda con ellas un largo rato. Este hombre ama a las aves y su amor es tan puro como el de Miguel. La diferencia se hizo notar un día, cuando Pepe se escapó de la jaula mal cerrada y jamás regresó...
En frente todo siguió igual. La diferencia no estaba en el amor, obvio, sino en cómo se manifestaba.
Aplíquese en todos los ámbitos de la vida.
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