Salí de mi casa rumbo al trabajo. En la parada del colectivo me encuentro con una mujer. En la espera, pasa un hombre en una moto, apenas distingue que es una mujer le grita algo. El colectivo llega, subimos, y el chofer que podría ser el padre la mira de arriba abajo con una mirada que la desnuda y la incomoda: "Pasá gratis, no te hagas problema", le dice. Llego al trabajo, cabe destacar que es en un shopping. Podría enumerar cientos de cosas que me parecen desagradables pero centrémonos en, por ejemplo, como las marcas de ropa venden un estereotipo de mujer perfecta que no hace más que lastimar a millones, las publicidades que cosifican a todo el género femenino, las que nos quieren hacer creer que ellas vinieron al mundo para tres cosas: cocinar, lavar y planchar. Después de la jornada, la vuelta a casa. Llego a destino, me bajo y atrás mío lo hace otra muchacha. Apenas bajamos esperamos que el semáforo corte para poder cruzar, un auto pasa y le toca bocina. Del otro lado de la calle el padre la estaba esperando para acompañarla los 100 metros que separaban su casa de la parada. Y me detengo ahí: de un lado, ese padre que es consciente del mundo que nos toca vivir y trata de cuidar a su manera a su hija. Del otro, algún otro padre que no le enseñó a su hijo a respetar a la gente, y por consiguiente, a las mujeres.
Llega la medianoche y yo estaba por visitar a unos amigos, decidí caminar las treinta cuadras que separan nuestras casas. En la mitad del recorrido paso por una esquina y advierto que una chica caminaba sola durante la oscura y desértica calle, igual que yo. Sigo mi camino, noto que ella apura el paso para estar cerca mío, y no puedo evitar pensar en el miedo que ella sentía. Y pensaba: a mí como mucho me podían haber robado el celular, algún billete, pero a ella la calle oscura y solitaria le puede arruinar la vida, o quitársela. Esa noche me acosté y todavía sentía el estómago revuelto por las cosas que había visto. Y pensé: esto pasa todos los días, todo el tiempo. Las mujeres conviven con eso. Y lo que es peor, quizás esas chicas no solo lo pasen horrible en la calle, o en el trabajo, sino que después llegan a su casa y son víctimas de otro tarado que la violenta sin motivos. Y por si eso fuera poco, quizás esa mujer termine perdiendo la vida. Y vayamos un poco más allá, esto no es ficción, esto pasa: a esa mujer la matan y después veamos en la televisión como justifican lo que pasó, como las víctimas pasan a ser culpables. Hay que entender que nunca hay motivos para la violencia de género, solo hay excusas. Un femicida asesina a una mujer por la simple razón de que es mujer. El sistema creó una división entre los seres humanos en base a su diferencia de género. La perversión que maneja y la mentalidad machista es tan grande que logran esto. Es uno de los puntos que más tenemos que corregir si queremos solucionar el tema de la violencia de género y la desigualdad. Ese día el mundo va a ser un poco más lindo para todos. La sociedad habrá ganado la más hermosa de las batallas. No callemos, hagamos. No porque son mujeres, sino porque son personas que merecen ser tratadas como tal. Erradicar esto nos hará mejor a los hombres también. Hacelo, por la mujer que tenés al lado, por tu mamá, por tu sobrina, por tu hija, por vos y también por mi.
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