¿Quién nos hizo creer a generaciones enteras que para ser feliz hay que tener? ¿Cómo fue que logramos aceptar que estos dos verbos vayan de la mano? Si lo que más nos llena jamás fue algo material. Es más, de lo único que nos llena lo material es de preocupación, de miedo a perderlo. Hacé memoria y vas a ver que en tus momentos más felices lo material no era lo que importaba.
Hoy descubro que quiero algo más simple pero más difícil de encontrar. Quiero poder descubrir la magia en esas cosas que se nos escapan siempre.
La sonrisa compartida con mi mamá cuando nos encontramos en la mañana y advertimos que tenemos la suerte de compartir otro día más. Las caminatas en la madrugada con un amigo, replanteándonos la vida misma y conectando nuestras almas. Un poco de sol en esos días de crudo invierno. Una brisa fresca junto al río cuando el verano apremia. Un amanecer acompañado. La luna y las estrellas iluminando una noche tranquila. Una frase que te revuelva los pensamientos. Una discusión que te haga repensar tus creencias. Alguna melodía que explique lo que no podés hacer con el lenguaje de las palabras. Un abrazo genuino que te rearme cuando tu alma parece estar dispersa en pedazos. Un beso. Un simple beso de esos que sanan las heridas. Un cruce de miradas donde no hace falta más explicación que esa. Una risa! Una risa cómplice, una sonrisa compartida.
Quiero poder encontrar la gloria en esas cosas que alguien nos dijo que no eran importantes.
Quiero que llueva, para valorar el sol. Quiero sufrir, quiero llorar, aprender de eso. Quiero estar lleno de errores. Quiero arrepentirme de cosas. Quiero aprender a perdonar, aprender a soltar. Quiero estar lleno de cicatrices que me demuestren que el pasado fue real. Quiero descubrir. Quiero aprovechar el tiempo y no perderlo estando enojado. Quiero estar lleno de marcas, con las suelas gastadas, cansado, dolorido. Pero no quiero verme al espejo mañana y descubrir que el miedo ganó. No quiero arrepentirme por no haberme permitido ser. Pago el precio de ser feliz. Pago con heridas el precio de la felicidad.
Y al final? El día que mi paso por acá llegue a su fin, quiero sentir que dejé algo. Seguir vivo en el recuerdo de alguna persona que piense que valió la pena haberme cruzado en esta vida. Eso, que haya valido la pena este regalo. Habitar esas almas y seguir vivo ahí, para esta vida y la que viene, y la otra...
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