Es así, desde
los ojos se puede ver lo más profundo de una persona. Y esa noche, en un
instante y con tan solo una mirada, me di cuenta que no ibas a ser una persona más.
Fue amor a primera vista, a primera risa. Y no me equivoqué.
Hoy pienso:
“¡Qué rápido pasó todo!”. Fue una relación muy corta, si, pero muy intensa. Parece
que es una ley, los amores eternos son los más breves. Y pienso, y me reprocho por
las cosas que dije y tal vez debí callar, por las cosas que no dije en su
momento, por mi falta de iniciativa, tal vez. Por no haber sabido que hacer en
momentos clave. Y si, uno se equivoca, a veces el miedo a perder nos paraliza y
nos impide actuar correctamente. Por eso dejamos pasar a personas maravillosas,
por miedo a sufrir. Siempre es por lo mismo, el miedo no nos deja actuar y nos
lleva a perdernos oportunidades y, como en este caso, perder personas.
Y lo
aprendí. Lo aprendí con vos. Así como aprendí a amar, así como me enseñaste a estar
con una sonrisa siempre, como me enseñaste a valorar las cosas. Como me
devolviste la esperanza en el amor.
Y hoy,
quizás sea un punto final. Pero sonrío, porque fui felíz, porque aprendí,
porque crecí, y porque si bien hoy nuestros caminos se separen, ya se han
encontrado, entraste a mi vida, a mi historia y eso no se puede cambiar.
Cada
persona que pasa por nuestra vida es única. Siempre deja un poco de sí y se
lleva un poco de nosotros. Esta es la prueba evidente de que dos almas no se
encuentran por casualidad. Y si así fuere, fuiste la casualidad más linda de mi
vida.
Simplemente,
sé felíz.
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