Son las nueve de la mañana y es domingo. Estoy acostado en
mi cama escuchando la lluvia que golpea la ventana sin parar. Y viajo en mi
mente al pasado... Recuerdo aquél otro sábado de marzo donde también llovía
torrencialmente. Aquella mañana donde el cielo se caía abajo y, casualmente,
también estaba acostado. Pero esta vez me falta algo, me faltás vos al lado.
Y te extraño. Y miro
a mi costado y no te veo, pero si veo las hojas de colores que me regalaste
para que te hiciera las grullas que tanto te gustaban. Y me vuelvo a acordar de
vos. Y miro la hora, y mi mente, que no coopera en nada, asocia mi celular con
las fotos que nos sacábamos recién despiertos. Y decido levantarme, pero me
cuesta(como siempre). Y vuelvo a recordar cuando vos te levantabas primero y me
decías que dejara de dormir, que me levante, que vayamos a comer. Y los ojos
siguen cargándose de lágrimas. Y me levanto, porque tengo que trabajar. Me
visto y veo ese pañuelo violeta que una noche, en una despedida apresurada
olvidé devolverte. Y, si, te pienso otra vez.
Pasó media hora, todavía no dije ni una palabra y salgo de
casa rumbo al trabajo. En la puerta no está el remis que me pedías para ir a
trabajar cuando se me hacía tarde por quedarme en la cama con vos. No está el auto, y no estás vos para
despedirme con un beso. Camino y te
vuelvo a recordar. Cuento los días desde que te vi por última vez. Y te extraño
de nuevo.
Los ojos ya no aguantan y una lágrima comienza a recorrer mi
cara. Pero dejó de llover y salió el sol. Miro al cielo buscando el arcoíris y ahí
está, hermoso y radiante...Y obviamente te vuelvo a recordar. Y empiezo a
pensar...
La lluvia tiene muchas cosas malas, es cierto, pero sin ella
no se podría ver el arcoíris, sin ella no podría estar contemplando esto tan
hermoso, no podría estar disfrutando. Y algo semejante me pasa con vos. Y te
vuelvo a pensar. Y lo hago todo el tiempo. Pero no me lamento. ¿Cómo me voy a
lamentar de algo que me hizo sonreír?


